
sábado 6 de febrero de 2010
FRAGMENTO DE UN ¿POEMA? NUEVO Y DE UN FUTURO LIBRO
sábado 2 de enero de 2010
SOBRE "B"
Pablo López Carballo escribe una reseña sobre "B" que podéis leer aquí y que corto y pego aquí también.
¿Y quién no necesita B?; a propósito de “B”, Alberto Santamaría
La historia es sencilla: un hombre habla/cuenta/relata/muestra una serie de hechos delante de una cámara, ayudándose casi exclusivamente de su memoria. Éstos nos suscitan muchas preguntas, ¿Quién es?, ¿Quién es B?, ¿Por qué…?, ¿Cómo…?, ¿Cuándo…? Afortunadamente este libro no contiene las respuestas, ya que de lo contrario seguiría la estela de tantísimos textos que en nuestros tiempos continúan abusando de modelos medievales, renacentistas, o barrocos, basándose en el enigma y desprendiendo moralidad. Sobra decir que en B no encontramos ni una cosa ni la otra, solo una obra literaria de altura.
TRABAJOS DE PERCEPCIÓN
Una de las particularidades de este libro reside en la capacidad imaginativa del narrador y en el uso que, al servicio de ésta, se hace de la memoria -en lugar de ser una simple herramienta arqueológica-. El proceso perceptivo se sitúa aquí justo en el momento en el que el narrador está delante de la cámara y nunca se traslada a los momentos previos, a aquellos que generaron la imagen en la memoria. De esta manera lo que se produce son siempre imágenes nuevas y no reconstrucciones de otras preexistentes. Así, el momento de la narración es el único que nos ocupa, aparcando el resto de imágenes, que permanecen en la memoria esperando a tomar forma. Karl Wallenda, uno de los personajes a los que alude el narrador, dice: “estar en la cuerda floja es vivir, todo lo demás es esperar”.
Y ahora, esta misma sentencia podría ser aplicada a las imágenes que surgen de la memoria, en tanto que materia, para volver a vivir. Nacen, una vez más, para conformar un nuevo territorio, un nuevo paisaje que necesita ser observado como único. Charles Wright decía que es imposible mirar dos veces el mismo paisaje, que a pesar de que las frutas sean de temporada, solo podemos verlas en un instante determinado. Y es que hay bastante diferencia entre recordar y traer al presente, pues son dos trabajos sensiblemente diversos. Por eso el sistema perceptivo acaba por imponerse, haciendo que cada nueva imagen-paisaje siga un proceso común: desde la individualización de los bordes, pasando por la agrupación de las formas geométricas y su estructuración, hasta una representación estructural particular y su consiguiente comparación con el repertorio mental de representaciones donde es reconocido como objeto real. Ya después aparecerán y se diferenciarán las características que lo identifican como objeto-paisaje único. Con este sistema lo que se pone de manifiesto es la capacidad de cada fragmento para erigirse como un todo, además de dotar a la obra de una estructura, generada gracias a la repetición del proceso. Lo importante, como sentencia uno de los personajes sería “el hecho de que estuviese ahí, en ese instante, junto a él y para él. Lo demás, piensa, son historias”
Este trabajo perceptivo es llevado hasta sus últimas consecuencias, en las que naturalmente la memoria tiene mucho que decir. Incluso, en los momentos en que pudiera parecer que está siendo descartado, también se pone en práctica: “La luz del verano, ese extraño sol que aparece en el norte a ráfagas, hace brillar intermitente y aleatoriamente algunas de sus partes como si lanzasen pequeños mensajes en morse o en algún extraño idioma inventado para despistar al enemigo, indescifrables y brillantes siempre al ojo humano” . El proceso es el mismo que el descrito anteriormente, en este caso, llegando a la posibilidad más abstracta de todas, que sería la constatación de un lenguaje diverso, ubicado junto al resto en situación de armonía.
LAS MÁQUINAS DEL SENTIDO
La modelización llevada a cabo por el narrador sería equiparable en muchos aspectos a la desarrollada por la cámara de video. Ambos elaboran sus productos sin un sentido general anterior, se sirven del fragmento y no poseen la necesidad de adecuarse a una idea de conjunto. Consiguen registrar lo que pasa por delante, sin elegir, fijando imágenes. Así, en este texto, diríamos que el impulso del sentido se volcaría en cada fragmento, dejando la labor de generar un sentido (o muchos) al lector. Esto nos llevaría a hablar de todas las derivas potenciales de la obra, pero ahora no nos interesa eso; lo importante de todo ello es el nuevo binomio de necesidad que se genera entre el fragmento y el conjunto que forma la obra, entre la cámara y el narrador, entre las historias y su forma. Así, el personaje B que surge de la cita de Warhol “Me despierto y llamo a B. B es cualquiera que me ayude a matar el tiempo. B es cualquiera y yo no soy nadie. B y yo. Necesito a B porque no puedo estar solo” podría ser cualquier reverso imaginable o por imaginar. O bien podría ser que todo sea literatura y que haya algún lector que se lo esté creyendo… sí, B eres tú, o yo, o todos nosotros.
Entonces, la memoria del narrador no eclipsaría el sentido de la historia con su pasado, sino que se erigiría como proveedora de recursos, que ahora son utilizados en la nueva forma regida por el azar. Una manera de proceder similar a la de una cámara de video puesta en plena calle; podemos predecir lo que pasará por delante durante un periodo de tiempo determinado, pero el resultado de conjuntar la memoria y la grabación es totalmente azaroso en la nueva conceptualización: “El azar no es lo opuesto al orden, no es una respuesta a la casualidad. El azar es lo que aún no ha empezado. El azar no es exactamente el caos ya que dentro del caos existe una posibilidad de orden. El azar, sin embargo, es el principio, es la imposibilidad misma de un orden, es la nada. El azar es no desear que exista un orden.”
LO QUE QUIERES OIR
De este modo encontramos un hilo conductor, muy fino, apenas presente pero que sin embargo puede otorgar al relato un breve punto de unión. Se trata de la interpelación del narrador preguntando o preguntándose a sí mismo “¿Éste sería un buen resumen de lo que quieres oír?”; “¿Era esto lo que hoy querías oír?” Acaba por ser un indicador del virus de sentido que persigue al narrador y, en otro orden, al lector. Mediante la interpelación se procura atar cabos, recordando al lector que debe construir su historia. El propio narrador duda de su proceso, por ello necesita el punto de apoyo, porque detrás de la cámara no hay nadie, solo él, que ni siquiera percibe cómo está quedando, ni cómo está siendo registrado. Probablemente, por su cabeza esté pasando la idea de que después verá el video (lo leerá en el otro plano mencionado) y que será ese el momento en el que cree el nuevo sentido, -seguramente ese general que no posee el relato-. Pero no debemos olvidar que está trabajando el detalle y debemos pensar también en la cámara. La ubicación de la cámara no es un acontecimiento accidental, estaba allí antes que el narrador. En este caso él sería B, el contrapunto a la máquina. O bien, esta interpelación al tú podría interpretarse como la puesta a prueba del binomio lector-narrador y no lector-obra, como habitualmente ocurre y se da por descontado. Por todo ello, el texto termina con la frase “Háblame de ti”, otorgándole al tú el protagonismo que ha acaparado durante todo el relato.
LA MUERTE DE LA IMAGEN
La estrecha relación con la muerte que mantienen todos los personajes del texto es lo que sustenta a su vez a las imágenes de las que hablábamos anteriormente. En el desarrollo de éstas está presente su muerte y, al igual que nos ocurre a nosotros, las imágenes apenas tienen tiempo de re-conocerse. De ahí lo paradójico de atribuir un sentido, ya no solo único, sino permanente a las cosas: “algo parecido a despertar en medio de una película. Todo parece tener un sentido a tu alrededor, todo parece ajustarse a un guión, todo parece saber qué hacer, pero ¿y tú?”.
Más que de la muerte de la imagen habría que hablar de la muerte de lo fijo, ya que ni siquiera la muerte acaba por tener un espacio, un signo, una lectura. Aunque, como es de esperar, con ello no se pretende defender la muerte del significado, sino solo de lo estático: “Lo importante de la huida no es la desaparición en si misma, es decir, el fin del relato, sino al contrario: el estado permanente de la huida. No es el estado de desaparecido sino el proceso de desaparecer lo que se busca”
PABLO LÓPEZ-CARBALLO.
viernes 1 de enero de 2010
PARA EMPEZAR EL AÑO
lunes 23 de noviembre de 2009
NUEVO LIBRO, O ESO PARECE
Éstas son algunas de las preguntas que nos asaltan ante la lectura de B, una extraña confesión -que juega con los límites de la prosa y el verso- acerca de lo fragmentario, fugaz e irreal de los propios actos de nuestra vida. Personajes en el filo de la conciencia, con un único tema, la muerte, transitan por este libro con el objetivo de arrastrarnos hasta su propio mundo, hasta su propia miseria.
B es una obra inclasificable. Es narrativa y es poesía, es un conjunto de relatos y al tiempo una novela corta, es una narración coherente y del mismo modo deliberadamente caótica y fragmentada, es violenta y es reflexiva, es un no ser mediante el ser y viceversa, un texto que trasciende a la mera narración de hechos y que expone una cosmogonía existencial y pesimista del albedrío humano y la felicidad como empresa baldía.
Nada nos dice el escritor y crítico Alberto Santamaría de su criatura, el protagonista de esta aventura alucinatoria; sólo apunta que muy bien pudiera llamarse B, como en la cita de Warhol que abre su relato, pero que también pudiera ser cualquier de nosotros, sus lectores. Aunque si hubiera que señalar un protagonista, más allá del caleidoscópico trasiego de personajes, habría que hablar de la muerte y su hermana la destrucción. ‘La destrucción es siempre el principio de algo’, rumia en su interior uno de sus personajes. ‘Estar en la cuerda floja es vivir. Todo lo demás es esperar’, afirma otro rememorando la pequeña figura del funambulista Karl Wallenda cayendo al vacío.
Haciendo uso del monólogo interior, y con una puntuación y sintaxis muy personales, Santamaría pone en boca, o mente, de sus criaturas palabras como dardos, heridas por una bala, como en la pierna de ese misterioso B que nunca se desvela pero sí se manifiesta por sus andanzas, en las que parece llevar al lector de la mano, cautivado por la magia de la escritura, por la fascinación del abismo. Caleidoscópica, con vaivenes temporales, inmersa en una estética industrial y feísta, aquejada de neurosis y mitomanía, B recuerda al mejor Palahniuk, al irónico Cohen, al desesperado Döblin.
No es sin embargo, una narración exenta de humor, como en el relato –uno de los muchos introducidos a modo de digresión en el sarcófago del texto- en el que describe el síndrome de la plaza 137c, una de las muchas aventuras de un hermano psicópata que sólo se explica por la violencia. Pero el humor está teñido de desesperación y es el único arma –esta sí, metafórica– con que enfrentarse a un mundo dueño de las vidas de los que lo habitan. El humor es entonces el salvavidas de lo grotesco –‘Ella sostiene como un pequeño triunfo el semen de cerdo en la mano’–, la tabla de salvación, la cuerda de la que cae un Wallenda que no quiere vivir esperando.
Este libro fragmentado con el que El Desvelo inicia su andadura editorial es a su vez un primer volumen, al que seguirán sucesivas entregas hasta completar finalmente el mosaico. Con autonomía pero interrelacionados, esta obra se cita a sí misma en cada entrega, siendo la intertextualidad una de sus claves estilísticas. Intertextualidad –en la que no quedan excluidos fragmentos de libros, citas y noticias de prensa-, la dualidad del hombre en lucha consigo mismo, la crueldad de los niños con un insecto, el surrealismo –‘Mi hermano se encuentra una cabeza rodando como un balón en mitad de una carretera desierta’–, la ausencia de toda esperanza –‘Pasemos a cuando no estoy muerto pero tengo los ojos cerrados’– yendo y viniendo de un futuro inexistente a una infancia cuyos recuerdos están monstruosamente deformados. ‘God is Dog’, la paternidad, o ausencia de la paternidad, la muerte o la no-vida del nasciturus, el olor a gasolina que emana de las páginas del libro, el azar en la muerte violenta ante la irresponsabilidad de la existencia, la ausencia de causalidad en un mundo sin dios.
Alberto Santamaría no explica, muestra. El libro, en cualquier de sus fragmentos, en sí mismo con respecto a las siguientes entregas, es autosuficiente. Quien quiera adentrarse en él podrá hacerlo. Pero habrá que hacerle una advertencia. Deberá bastarse a sí mismo, y como B, dejarse llevar por sus páginas a la espera de encontrar una casa más bella que la propia vida.
Mada Martínez, septiembre 2009
jueves 15 de octubre de 2009
LA COMEDIA DE LO SUBLIME

Este libro debe entenderse a partir de la ambigüedad de su título. Así, La comedia de lo sublime remite, por supuesto, a esa tradición, de estirpe idealista y romántica, que explora la dialéctica entre lo sublime y lo cómico. Pero, simultáneamente, quiere señalar la conversión en pura comedia de muchas de las sublimidades contemporáneas o en mera banalidad de algunas de las pretensiones cómicas. Es, por tanto, un libro de inversiones, que se despliega en cuatro secciones. La primera comienza con la inversión de lo sublime en lo cómico, para concluir en la actual inversión de ambos; la segunda parte de un posible neopintoresquismo en las prácticas artísticas contemporáneas, para terminar en el grotesco y truculento pintoresquismo del parque temático; la tercera se inicia con lo siniestro [Unheimlich] y su carácter amenazante, para finalizar en un siniestro fingido y simulado que sólo muestra la nostalgia de su ausencia; la cuarta y última sección está dedicada a investigar esas propuestas artísticas que intentan acercarse a lo real a través del dolor y la violencia, y que, en ocasiones, suelen obtener como resultado justamente lo contrario de lo que se proponen.
Domingo Hernández Sánchez
Domingo Hernández Sánchez es Profesor Titular de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad de Salamanca, donde además coordina el Máster Estudios Avanzados en Filosofía. Su investigación vincula dos ámbitos que discurren de modo paralelo: la estética romántica y la teoría del arte contemporáneo, por un lado, y el trabajo en la edición del corpus textual de José Ortega y Gasset, por el otro. En relación con el primer ámbito, Domingo Hernández Sánchez es autor de los libros Estética de la limitación (2000) y La ironía estética. Estética romántica y arte moderno (2002), compilador de los volúmenes Articulaciones. Perspectivas actuales de arte y estética(2001), Estéticas del arte contemporáneo (2002) y Arte, cuerpo, tecnología (2003), así como traductor de Filosofía del arte o estética. Verano de 1826, de Hegel (2006). Respecto al trabajo sobre la obra de José Ortega y Gasset, suyas son las ediciones críticas de dos de las obras más importantes de Ortega, El tema de nuestro tiempo(2002) y La rebelión de las masas (2003, 2ª ed. 2008), a las que ha de añadirse la edición crítica y comentada de los materiales de archivo de Ortega y Gasset sobre Hegel, Hegel. Notas de trabajo (2007). Su último libro, La comedia de lo sublime(2009), acaba de aparecer en la editorial cántabra Quálea Editorial.
jueves 17 de septiembre de 2009
POR SALAMANCA HABLANDO DE POESÍA Y PUNK-ROCK
La semana que viene estaré por Salamanca en un congreso sobre filosofía de la música que tiene muy buena pinta. Aquí dejo información por si alguien estuviese interesado en asistir:
Entre el 21 y el 25 de septiembre se celebrará en la Universidad de Salamanca el I Congreso Internacional de Estética y Filosofía de la Música, dirigido por D. Antonio Notario Ruiz, Profesor de Estética y Teoría de las Artes, que reunirá a expertos de diferentes Universidades europeas y comunicantes españoles e iberoamericanos. El día 22, en el marco del Congreso, se celebra el I Seminario Hispano-Italiano de Estética y Música.
La matrícula puede realizarse desde la web de la Universidad (www.usal.es) dirigiéndose al Servicio de Cursos Extraordinarios. Están concedidos 3 créditos de Libre Elección para los estudiantes matriculados en la USAL y certificación de 40 horas para Profesores de Música y Artes Escénicas, Profesores de Secundaria y el resto de profesionales.
Este Congreso es posible gracias a la colaboración de la Junta de Castilla y León, laUniversidad de Salamanca (Facultad de Filosofía, Departamento de Filosofía y Lógica y Filosofía de la Ciencia, Máster de Estudios Avanzados en Filosofía, Dirección de Cursos Extrordinarios, Servicio de Actividades Culturales), el Istituto Italiano di Cultura, la Cátedra Sicilia, el Proyecto El pensamiento español contemporáneo: estudio y edición de textos inéditos (Ref. SA025A07) y el Conservatorio Profesional de Música de Salamanca.
Participan: Antonio Alcázar Aranda (Cuenca) – Clementina Cantillo (Salerno) – Lola Fernández Marín (Sevilla) – Cirilo Flórez Miguel (Salamanca) – Teresa Fraile Prieto (Badajoz) – Enrico Fubini (Turín) – Amaya García (Salamanca) – Antonio García Calero (Ciudad Real) – Pablo García Castillo (Salamanca) – José María García Laborda (Salamanca) – Miguel Ángel García Velasco (Salamanca) – Llanos Gómez (Madrid) – Domingo Hernández Sánchez (Salamanca) – María Trinidad Ibarz (Zaragoza) – Xabier Insausti (San Sebastián) – Rodrigo Madrid (Valencia) – José Luis Molinuevo (Salamanca) – Antonio Notario Ruiz (Salamanca) – Matilde Olarte (Salamanca) – María Palacios (Salamanca)- Carmen Pardo (Barcelona) – Ricardo Pinilla (Madrid) – Ricardo Piñero Moral (Salamanca) – Ruth Piquer (Madrid) – María Peña Lombao (A Coruña) – Fernando Pereira (Oporto) – Miguel Ángel Ramos (Madrid) – Alberto Santamaría Fernández (Santander) – Juan Vermal (Palma de Mallorca) – Mário Vieira de Carvalho (Lisboa) – Sara Zurletti (Nápoles)
