martes 25 de agosto de 2009

UN CUENTO DE MROZEC

LA REVOLUCION

En mi habitación la cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa. Hasta que esto me aburrió. Puse entonces la cama allá y el armario aquí. Durante un tiempo me sentí animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabó por volver. Llegué a la conclusión de que el origen del aburrimiento era la mesa, o mejor dicho, su situación central e inmutable. Trasladé la mesa allá y la cama en medio. El resultado fue inconformista. La novedad volvió a animarme, y mientras duró me conformé con la incomodidad inconformista que había causado. Pues sucedió que no podía dormir con la cara vuelta a la pared, lo que siempre había sido mi posición preferida. Pero al cabo de cierto tiempo la novedad dejó de ser tal y no quedo más que la incomodidad. Así que puse la cama aquí y el armario en medio. Esta vez el cambio fue radical. Ya que un armario en medio de una habitación es más que inconformista. Es vanguardista. Pero al cabo de cierto tiempo... Ah, si no fuera por ese «cierto tiempo». Para ser breve, el armario en medio también dejo de parecerme algo nuevo y extraordinario. Era necesario llevar a cabo una ruptura, tomar una decisión terminante. Si dentro de unos límites determinados no es posible ningún cambio verdadero, entonces hay que traspasar dichos límites. Cuando el inconformismo no es suficiente, cuando la vanguardia es ineficaz, hay que hacer una revolución. Decidí dormir en el armario. Cualquiera que haya intentado dormir en un armario, de pie, sabrá que semejante incomodidad no permite dormir en absoluto, por no hablar de la hinchazón de pies y de los dolores de columna. Sí, esa era la decisión correcta. Un éxito, una victoria total. Ya que esta vez «cierto tiempo» también se mostró impotente. Al cabo de cierto tiempo, pues, no sólo no llegué a acostumbrarme al cambio—es decir, el cambio seguía siendo un cambio—, sino que, al contrario, cada vez era más consciente de ese cambio, pues el dolor aumentaba a medida que pasaba el tiempo. De modo que todo habría ido perfectamente a no ser por mi capacidad de resistencia física, que resultó tener sus límites. Una noche no aguanté más. Salí del armario y me metí en la cama. Dormí tres días y tres noches de un tirón. Después puse el armario junto a la pared y la mesa en medio, porque el armario en medio me molestaba.

Ahora la cama está de nuevo aquí, el armario allá y la mesa en medio. Y cuando me consume el aburrimiento, recuerdo los tiempos en que fui revolucionario.

martes 4 de agosto de 2009

VACACIONES DE MUERTE Y PLAYA (4): CEMENTERIO AMERICANO

Apenas unos kilómetros separan La Cambe, donde se halla el sobrecogedor cementerio alemán de Colville sur Mer donde se encuentra el impresionante cementerio americano. Este cementerio se sitúa en la zona más alta de la playa de Omaha, donde murieron miles de soldados. Aquí, como en el cementerio alemán, había una larga lista de "soldados desconocidos", aunque la inscripción americana, sobre la cruz, tenía un patetismo sentimental mucho mayor que el lacónico y simple "un soldado alemán". EL cementerio de Colville es casi inabarcable. Ese día hacía un tiempo de perros. Nadie paseaba por la playa. Nos dijeron que apenas se bañaba gente allí. Tuvimos que cambiar de playa.







domingo 2 de agosto de 2009

SOBRE "PEQUEÑOS CÍRCULOS"

Rosa Benéitez escribe sobre Pequeños círculos, una fantástica reseña ilustrada con imágenes de Jeff Wall, artista que está detrás de algún poema del libro. Aquí.