sábado, 25 de junio de 2011

NOTA APRESURADA SOBRE EL PAQUETÓN DE CRISTO




No es hasta el siglo XVIII cuando gracias al desarrollo de la burguesía surge eso que llamamos “artista”, artista en el sentido de genio creador. Esto no es nada nuevo. Como se sabe, hasta ese momento, los artistas eran meros artesanos, trabajadores a sueldo que cumplían órdenes (como el herrero o el zapatero). Debían ejecutar lo que se les imponía. En este sentido la capacidad técnica era el marco que cifraba las posibilidades del artista/artesano. Por otra parte, el universo creativo, basado en las posibilidades de la imaginación, quedaba plenamente cerrado para estos artistas. A su vez, ese sometimiento tenía otro lastre: el poder de la poesía sobre la pintura. O mejor dicho, el hecho de que las artes debían tener un basamento lingüístico que determinara la obra. Así se justifica la cantidad de obras, por ejemplo, que se basaban en escenas bíblicas tales como la de Judith decapitando a Holofernes. La Biblia era el libro de referenia para el pintor. Cientos de representaciones de esa escena recorren la historia del arte. lo único que podía hacer el artista era variar elementos de carácter técnico, o de elección de la escena (antes o después de cortar la cabeza de Holofernes, para seguir con el ejemplo), pero poco más. De esto, precisamente, se había quejado Leonardo Da Vinci, es decir, del triste sometimiento del pintor a la literatura, algo deleznable, según Da Vinci, en tanto que la cultura visual es muy superior a la escrita. Así lo escenificaba Nicolas Poussin: “la novedad en la pintura no consiste principalmente en un tema nuevo, sino en que disposición y expresión sean acertadas y nuevas y así el tema de ser común y viejo, se convierte en singular y nuevo”.

Pero veamos otra perspectiva: la lectura que lleva a cabo Leo Steinberg en Sexuality of Christ in Renaissance Art and Modern Oblivion. Según Steinberg, los pintores llegaban a encontrar su espacio “imaginativo” a través de las ausencias en el relato bíblico. Ausencias de elementos ordinarios, que el relato escrito no detallaba pero que eran centrales para la composición pictórica. Un pintor debía conocer cada milímetro del cuerpo representado. Así, el trabajo de Steinberg se refiere a una gran cantidad de cuadros renacentistas en los cuales los genitales de Cristo están perfectamente definidos y exhibidos. Según Steinberg, hay un absoluto olvido en la literatura artístico acerca de los genitales de Cristo. Por ello afirma que “debemos reconocer una ostentatio genitalium”. Sostiene que durante mucho tiempo el asunto ha aparecido como inmencionable bajo ciertas perspectivas. Por ello señala: “Seguramente los hombres que pintaron estos cuadros, inventando nuevas variaciones sobre el motivo de la exposición, sabían de lo que trataban, pero no lograron encontrar referencias al asunto en los escritos”. El tema era simple, en principio: ¿cómo era el “paquetón” de Cristo? Este parece que habría sido un tema de discusión entre pintores durante siglos, pero que ellos mismos callaron por miedo a represalias. Es decir, debían pintar a Cristo según las escrituras, pero ¿dónde se reflejaba en las escritoras su ostentatio genitalium o cómo se cortaba el pelo, o si se mordía las uñas? Creo que este fragmento de Steinberg es clave:

“Debemos tener en cuenta que los artistas del Renacimiento, comprometidos por primer vez desde el nacimiento del Cristianismo con modos de representación naturalistas, eran el único grupo dentro de la cristiandad cuyo oficio requería que dibujaran cada centímetro del cuerpo de Cristo. Hicieron preguntas íntimas que no se traducen bien en palabras, al menos no sin faltar el respeto: por ejemplo, si Cristo llevaba las uñas cortas, o si se las dejaba crecer más allá de las puntas de los dedos. La trivialidad irreverente de tales inquisiciones está al borde de la blasfemia. Pero el artista renacentista que no tenía fuertes convicciones sobre este tipo de tema no estaba capacitado para dar forma a las manos de Cristo –ni a sus genitales. Ya que incluso cuando el cuerpo estaba parcialmente cubierto, había que tomar una decisión sobre cuánto tapar; si pintar una tela colgando o dejarla volar como un estandarte; y si el taparrabos utilizado, opaco o diáfano, debía mostrar u ocultar. Sólo ellos, los pintores y los escultores, tenían el cuerpo entero de Cristo en el ojo de la mente”.

El artista visual no podía obviar estos elementos, mientras que el escritor podía jugar con sus palabras para que esta necesidad de hablar de eso se esfumase. El pintor del renacimiento jugó, por lo tanto, un papel fundamental en nuestra construcción simbólica y en nuestro imaginario de Cristo. Fueron ellos los constructores silenciosos de su imagen, pero la pregunta sigue en pie, y es difícil de responder.

3 comentarios:

José dijo...

parece mentira que a estas alturas algunos escritores se asombren de que Cristo tuviera pito, si, lo tenía, y hasta se conservan varios pellejos de su circuncisión en diferentes catedrales del mundo...no era un tema tan tabú como se pinta, nunca mejor dicho... pero bueno...

Alberto Santamaría dijo...

no se trata de si cristo tenía o no pito, sino de la reflexión a la que se veía sometido, sin pretenderlo, el pintor/artesano para representarlo, de eso va el texto de Steinberg. De cómo ciertos pintores se veían obligados a salir del "Imperialismo del lenguaje".
saludos
josé

José dijo...

entiendo...me estoy acordando de un caso muy curioso de un pintor mmm nórdico, anterior al XX, pero no recuerdo el nombre, que representó en diferentes ocasiones ciertos desnudos -pero creo q nunca un cristo- sin órganos genitales, al parecer porque él mismo sufría una malformación... el tema de la representación, cuando deja de ser una representación óptica, es interesante... o como cuando Henry Darger representaba a niñas con órganos genitales masculinos (según dicen porque nunca había visto nada diferente a lo suyo)... lo único que quería decir es que, en mi opinión, ciertas épocas no estaban tan constreñidas por los tabús y las imposiciones pseudomorales con las que se asocian hoy en día... entre otras cosas porque las representaciones, si no se equivocan muchos escritores de la última época de la escuela de viena, eran un continuo en el tiempo, sin tales rupturas en la representación, por lo que un artista podría siempre representar el falo de cristo basándose en modelos clásicos, igual que se habrían basado en la representación de otras partes del cuerpo...por tanto, en mi opinión, si un artesano se ponía a reflexionar sobre tal o cual representación, no hacía tanto incapié en la "teología" o en el ¿debería ser...? como en los ejemplos y modelos. Pero bueno, no leí el texto así que lo mismo lo estoy prejuzgando muy mal, lo siento. saludos