lunes, 22 de diciembre de 2008

A PUNTO DE MORIR

Llamémosle A.S. Mi amigo A.S. parece que se aburre, así que una tarde se pone sus peores ropas y se apunta a una terapia de grupo. Tras meditarlo se apunta a la terapia destinada a personas que van a morir. Días, semanas..., lo justo para decir adiós. Se trata de que cada uno cuente su historia, de que cada uno aprenda de los demás a despedirse. Mi amigo A.S. no tiene escrúpulos. Mi amigo A.S. es un verdadero cabrón. Se cuela en la sala, sin más, una tarde de lluvia. Allí está la ama de casa que durante años ha ocultado un enorme bulto que crecía en su vientre por no molestar a su familia. Lleva la foto de sus hijos en el regazo. Está la joven quinceañera con una peluca tipo Cindy Lauper cuya leucemia le ha consumido por completo la vida y sus proyectos. Está el fumador que ha convertido sus pulmones en un zumo negro y peligroso. Está el viejo profesor universitario acompañado de una bombona de oxígeno. Está la viuda de ojos claros con un cáncer que le devora los ovarios. “Somos repulsivos”, piensa. Nada más empezar, el terapeuta, feo y ceceante, les dice que no se sientan culpables, que han de vivir felices este tránsito, que son como gusanos de seda que pronto comenzarán otra vida como mariposas. A.S. mira a sus compañeros. A.S. tiene ganas de levantarse y darle una buena paliza. Esa gente se muere y él les habla de mariposas… Luego juegan al macabro juego de las risas, es decir, reír sin parar. La escena no puede ser más sórdida. Se trata simplemente de reír, de reír lo más fuerte posible, lo más atronador posible. Sus risas anuncian la muerte. Sus bocas deformadas, sus gritos desbocados, sus dientes ennegrecidos. Ríen. Cuando acaba la sesión todos se despiden con un fuerte abrazo. ¿Quiénes volverán a la próxima sesión? Es una incógnita. Más allá de eso lo que descubre A.S. es otra cosa. Algo sorprendente. En el fondo, lo que quiere la gente que acude a estas terapias moribundas, después de tanta palabrería que sirve sólo para esconder el hecho de que estás acabado, es echar su último polvo. Así de simple. A.S. se lo hace con la quiceañera, con la ama de casa, con las divorciadas, con las latinas desahuciadas. Quince días más tarde A.S. ha follado más que en dos años, A.S. ha cumplido todas sus fantasías. Nadie lo esperaba.
El terapeuta hoy ha descubierto a A.S. Lo ha expulsado. Durar no es siempre algo bueno.

(Publicado el 21 de diciembre en el diario El Mundo, ed. Cantabria)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Bueno, las fantasías hay que ir dosificándolas..Yo empecé con Pablo de Las edades de Lulú y la última se llama Alberto y tampoco lo conozco en persona. Un saludo cordial

Una q.b.s.p.

acamus dijo...

Raymond Carver es Rafael de León comparado contigo. Muy bueno.